Atardecer en Monte Naranco

Una panorámica a tus pies

Nos vamos hasta el Monte Naranco para contemplar una de las mejores vistas de Ovieco. El atardecer en la ciudad tiene su punto. A las faldas del Naranco se encuentra nuestra querida ciudad de Oviedo. Seguro que conoces bien este monte. Hoy os contamos por qué nos parece uno de los mejores lugares para ver un atardecer asturiano y algunas de sus curiosidades, siempre que el tiempo lo permita. Subir a su cima y ver los valles y montañas que rodean Oviedo es sin duda alguna una auténtica experiencia. Pero hay algo más que las formaciones montañosas y los edificios ovetenses que merece la pena explorar.

En nuestra excursión desde la ciudad, de unos cinco kilómetros, encontraremos varios lavaderos antiguos. Estas construcciones tienen algo en su arquitectura que nos invitan a la desconexión y al mismo tiempo nos conectan de alguna forma con nuestro pasado. Hasta el siglo XX la gente lavaba allí las prendas de ropa. El sitio era el idóneo para estas construcciones por la abundancia de agua, la altura, la orientación sur y la dirección del viento. ¿Sabías que cuando tendían las sábanas decían que parecía que el monte estaba nevado? Otras obras curiosas son los antiguos pozos de nieve, las neveras de la época. Son agujeros inmensos de más de diez metros de profundidad que estaban destinados a acumular nieve para ir sacándola en bloques para refrigerar alimentos.

El Naranco es un escaparate de grandes obras del prerrománico: nos toparemos con la Iglesia Románica de Santa María y San Miguel de Lillo, declarados Patrimonios de la Humanidad por la UNESCO. La primera es la construcción más significativa del arte prerrománico europeo. Su interior es abovedado y tiene miradores a ambos lados. Por ello fue elegida como escenario idílico por Woody Allen para rodar Vicky Cristina Barcelona. Como la anterior, la iglesia San Miguel de Lillo fue mandada construir por Ramiro I.

A pocos kilómetros dista la cumbre que hay que subir para contemplar nuestro atardecer. Presidida por el Sagrado Corazón de Jesús, la ciudad queda a sus pies. Si el día está claro podremos ver hasta la costa. Desde aquí obtendremos una panorámica de Oviedo y sus alrededores con una luz que vestirá de naranja la sierra del Naranco a más de 600 metros de altitud.

Por todas estas razones nos parece uno de los mejores atardeceres que tenemos los ovetenses. Según el escritor asturiano de la Generación 27 Valentín de Andrés: «millares de siglos antes de existir Oviedo, el Naranco ya era ovetense». Con esta frase cerramos nuestro atardecer.

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